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Agencia, cuerpo y tecnoestrés: lo que la IA le hace a nuestra vida

  • Foto del escritor: LIASI
    LIASI
  • 8 abr
  • 4 Min. de lectura

Aldo Banda


En la más reciente sesión de nuestro Seminario Ser Humanx en Tiempos de IA, nos acompañó el Dr. Jesús Siqueiros, investigador del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM y el Dr. Eduardo Portas, investigador de tiempo completo por la universidad Anáhuac México. Quienes nos invitaron a mirar la inteligencia artificial desde ángulos que pocas veces se hablan: el cuerpo que se pierde cuando todo ocurre en pantalla y el estrés silencioso que crece cuando la máquina (ni el ser humanx) nunca descansa.



El paisaje digital no tiene cuerpo — Dr. Jesús Siqueiros


El Dr. Siqueiros abrió su ponencia titulada “De las subjetividades a los hacklabs. Apuntes para otras IAs” con una pregunta de fondo: ¿qué pasa cuando el entorno que habitamos deja de ofrecernos posibilidades de acción significativas? Partiendo de la psicología ecológica de Gibson, planteó que el sentido de agencia, nuestra capacidad de actuar en el mundo, depende de lo que llamamos affordances: las oportunidades que un entorno nos brinda para desenvolvernos con fluidez dentro de una forma de vida compartida.


Su trabajo en Xochimilco mostró cómo la degradación ambiental erosiona esas posibilidades en comunidades chinamperas: cuando los saberes prácticos ya no pueden conectar con el entorno (contaminado y empobrecido) se pierde no solo el oficio, sino el sentido de pertenencia y capacidad colectiva.



Dando un salto conceptual, al llevar este marco al espacio digital. La web también es un paisaje de affordances, que genera interacciones normativas y emocionales que configuran identidades y formas de vida en comunidad. Pero hay un problema estructural: en la web no hay cuerpo, y sin cuerpo, no hay significante afectivo.


Desde ahí, advirtió que el peligro real de la IA no es una catástrofe de ciencia ficción, sino la erosión silenciosa de la vida política pública y la agencia humana colectiva cuando quedamos atrapados en un modelo de comodidad hiperpersonalizada.


Para transformar esta realidad, el Dr. Siqueiros propuso tres frentes de acción: crear espacios transdisciplinarios que recuperen nuestra capacidad de construcción social; abogar por nuevos affordances que permitan reimaginar los imaginarios sociotécnicos; y disputar el poder que hoy concentran los agentes privados para devolver la IA al espacio público y colectivo. Como ejemplos concretos de este camino, compartió dos de sus proyectos: IA FORA, orientado a la creación de políticas públicas mediante acción participativa y estrategias lúdicas, y Lab-DEMOSS, un espacio de trabajo transdisciplinario que combina tecnología y metodologías creativas para explorar nuevas formas de hacer con IA.



La máquina nunca descansa — Dr. Eduardo Portas


El Dr. Portas, en su ponencia "IA: Del Tecnoestrés al arte", presentó un adelanto de un artículo en proceso sobre el tecnoestrés en la era de la IA. Su punto de partida fue histórico: fue a partir de la pandemia de 2020 que el tecnoestrés comenzó a crecer de forma acelerada, al ser la primera vez que la humanidad estuvo en contacto tan sostenido e intenso con las tecnologías digitales. Con la llegada de ChatGPT en 2022, ese vínculo se volvió también afectivo: los chatbots dejaron de ser herramientas y comenzaron a ocupar un lugar en nuestras rutinas cognitivas y emocionales.


Lejos de reducir la carga laboral, la IA la ha intensificado de formas paradójicas. Las personas ahorran alrededor de siete horas semanales usando IA, pero invierten unas tres y media horas corrigiendo lo que la máquina produce. Lo que parecía una ganancia de tiempo se convierte en un nuevo tipo de trabajo: el rol de supervisor permanente, ese presente perpetuo en el que el output de la máquina siempre está esperando revisión.



La jornada laboral se ha vuelto parte de la vida privada; ya no termina. Dormidos o en el traslado, seguimos supervisando lo que dejamos trabajando a nuestros agentes (como con Claude Code). Esto desata una normalización de resolver tareas complejas en segundos y en segundo plano, lo que eleva las expectativas y acelera el ciclo de exigencia. A esto se suma lo que Portas llama la paradoja tecno-productiva, retomando investigaciones de Harvard: la IA borra los límites entre la vida personal y la laboral, creando una conectividad permanente con flujos de trabajo siempre activos. El resultado acumulado es el burnout, que deteriora progresivamente la capacidad de tomar decisiones.


Portas describe todo esto como una muleta creativa: la IA amplía nuestros alcances sin ampliar el recurso humano. El 67% de las personas siente que su mente se esfuerza menos, pero esa percepción tiene un costo silencioso: se erosionan el pensamiento crítico y la autonomía. Se sustituye el esfuerzo mental por la gestión algorítmica, generando una brecha entre quienes dominan estas herramientas y quienes no, y debilitando facultades cognitivas que antes ejercitábamos por necesidad.


Frente a este panorama, sus recomendaciones son concretas y urgentes: incorporar pausas intencionales de desconexión, proteger los espacios de conexión humana real y con la naturaleza, y establecer límites claros en el uso de la tecnología. Pero sobre todo, señala, hace falta una alfabetización digital que no solo enseñe a usar la IA, sino que visibilice los efectos que produce en quien la usa.


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Laboratorio de Inteligencia Artificial, Sociedad e Interdisciplina (LIASI) del CEIICH-UNAM

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